Gliomas cerebrales.

junio 6, 2007 at 10:04 pm 2 comentarios

QUÉ ES UN GLIOMA CEREBRAL Y CÓMO SE TRATA

CONCEPTO

Las neuronas son células muy diferenciadas y especializadas. Solamente saben hacer su función de recibir información y emitirla una vez elaborada. Esto se lleva a cabo mediante un complejo sistema bioquímico (neurotransmisores) y eléctrico (potenciales de acción). A su alrededor tienen unas células que le sirven de sostén mecánico y para el aporte de energía, así como para la recogida de las sustancias metabólicas de deshecho, generadas durante estos procesos. Estas células forman la glía y se diferencian en varios tipos: Astrocitos, oligodendrocitos y células ependimarias, entre otras. De cada uno de estos tipos celulares pueden surgir tumores. Los más frecuentes e importantes son, respectivamente: Astrocitomas, Oligodendrogliomas y Ependimomas.

FISIOPATOLOGÍA

    Origen

    Son tumores que crecen en el propio tejido nervioso (intraparenquimatosos), con frecuencia de forma difusa, sin estar totalmente delimitados del resto del parénquima (infiltrantes).

    Esquema de tumor infiltrante

    Crecimiento

    Dependiendo de la rapidez de crecimiento y de la agresión que le suponga al tejido cerebral normal circundante, se puede llegar a producir una reacción denominada edema cerebral, porque el tumor lesiona la barrera hematoencefálica (BHE). Esta BHE está a nivel de la unión de la glía (que protege y aísla a las neuronas del medio ambiente) con los capilares sanguíneos. Este edema es extracelular y supone aumento de la cantidad de agua entre las células, lo que implica un peor funcionamiento neuronal y aumento del volumen intracraneal.

    Edema

    En ocasiones se segrega un líquido hiperproteico en el interior del tumor, adquiriendo el tumor un componente quístico, uni o multilobulado, lo que hace que el ritmo de crecimiento global del tumor sea mayor que si fuera sólo a costa de la división celular.

    Qustico

    En otras ocasiones, el crecimiento muy rápido del tumor hace que a sus zonas más internas llegue con dificultad la circulación sanguínea, por lo que ocurre un proceso de muerte celular o necrosis.

    Necrosis

    Rara vez los tumores gliales dan la cara clínicamente tras producirse una hemorragia en su interior, aparentando un cuadro de accidente cerebrovascular hemorrágico.

    Tipos

    Como ya hemos referido, existen varios tipos de gliomas dependiendo del tipo de células de las que dependan (astrocitomas, oligodendrogliomas, ependimomas…), con diferentes subtipos en cada uno de ellos. Incluso tumores con componentes celulares mixtos. Para tratar de simplificar, a todos ellos se les subdivide de igual forma, en 4 grados, de acuerdo con su agresividad y malignidad y siguiendo la clasificación clásica de Kernohan. Los gliomas Grados I y II son benignos y los Grados III y IV son más agresivos o malignos.

    Hay un tipo de tumor muy agresivo, denominado glioblastoma multiforme, que unos autores lo asimilan al astrocitoma grado IV y otros lo clasifican como entidad independiente.

    Localización y frecuencia

    La localización y frecuencia depende de muchos factores. Por lo general, es más frecuente este tipo de tumores en las regiones en que hay más tejido cerebral: en el lóbulo frontal más que en el temporal; en la corteza cerebral más que en el cerebelo; en el tálamo más que en el tronco cerebral.

    Pero esta regla no se cumple en los niños, que presentan mayor frecuencia de tumores en fosa posterior (cerebelo y tronco cerebral) que supratentoriales (cerebro).

    Glioma de Tronco

    Por regla general, este tipo de tumores es algo más frecuente en el varón que en la mujer.

CLINICA

La aparición de una crisis epiléptica suele ser la forma más frecuente de presentarse un glioma benigno, mientras que los gliomas malignos suelen ser menos epileptógenos y más productores de déficits neurológicos e hipertensión intracraneal, con una evolución relativamente rápida (cefalea, nauseas-vómitos y deterioro progresivo del nivel de conciencia).

Los déficits neurológicos van a depender de la zona donde se inicia el crecimiento tumoral y van a depender de que afecte o no a zonas no silentes del cerebro. Se remite al lector a la lección sobre anatomía y función cerebral, en el apartado de Docencia-Postgraduados. Pero, en resumen, se podrían destacar estos síntomas y signos:

  • Lóbulo frontal.- Disminución de la capacidad intelectual, alteraciones de la marcha y falta de control de esfínteres. Puede aparecer además o de forma aislada dificultad para decir lo que se quiere (afasia de Broca), si el tumor crece en el lóbulo frontal izquierdo o dominante para el lenguaje.
  • Lóbulo central o zona rolándica (entre frontal y parietal).- Pérdida de fuerza y sensibilidad en las extremidades contralaterales.
  • Lóbulo temporal.- Pérdida de memoria, pérdida de visión en el campo visual contralateral (hemianopsia); alteraciones del lenguaje (no entiende lo que se le dice o afasia de Wernicke), si se afecta el lóbulo temporal del lado izquierdo o hemisferio dominante para el lenguaje.
  • Lóbulo occipital.- Pérdida de visión en el campo visual contralateral (hemianopsia).

DIAGNOSTICO

Las pruebas diagnósticas se utilizan en dos fases: para conocer con la mayor seguridad posible el tipo de tumor ante el que nos enfrentamos y para diseñar el tipo de intervención:

A.- Diagnóstico clínico.- Se realizan las siguientes pruebas:

  1. Tomografía Axial Computarizada (TAC) o Scanner cerebral.- Muy útil para ver calcificaciones y hemorragias.
    TAC Craneal. Se observa un tumor con calcio y quiste
  2. Resonancia Magnética (RM) cerebral.- Imprescindible para definir el tumor y la región cerebral sobre la que asienta. Da mucha mejor información anatómica y de las características del tumor.
    RM con tumor en region tempora

    Con estas dos pruebas podemos ya decir muchos datos sobre el tumor. En general, mientras el tumor es más benigno, hay una serie de características comunes en ambas pruebas:

    • La imagen de la lesión es más homogénea
    • Apenas capta contraste (menos vascularizado)
    • Límites más precisos
    • No hay zonas de necrosis en su interior
    • No hay edema cerebral circundante
    Glioma de bajo grado

    Por el contrario, a medida que el tumor es más maligno o agresivo:

    • La lesión es menos homogénea, con zonas de diferentes comportamientos
    • Capta contraste (más vascularizado)
    • Límites menos precisos, aspecto más infiltrante
    • Presenta claras zonas de necrosis en su interior
    • Hay edema cerebral circundante
    Glioma de alto grado

    En ocasiones, en casos dudosos, se puede plantear la realización de una PET (Tomografía por emisión de positrones) cerebral, que ayuda a la diferenciación de la lesión tumoral entre benigna o maligna.

    Aunque, para esto último, cada vez se está utilizando más la propia RM cerebral. Esta prueba es la Espectroscopia Cerebral. Con un programa de software especial es posible realizar un análisis bioquímico del contenido de la lesión visible en la RM. De acuerdo con la experiencia que se va adquiriendo, cada vez hay mayor seguridad entre los resultados analíticos de la Espectroscopia con RM y el tipo de lesión o tumor que se está analizando. De manera que se va extendiendo la costumbre de su utilización para tener, sin necesidad de una biopsia cerebral, una idea mucho más cercana a la realidad que ayude al proceso de diagnóstico diferencial preoperatorio.

B.- Diagnóstico diferencial.- Hay varios niveles de diagnóstico diferencial:

  1. Si se trata de una tumoración cerebral. Hay casos muy raros, pero se dan, en que el paciente puede tener un absceso cerebral en lugar de una tumoración maligna. La imagen en la TAC e incluso en la RM puede ser muy similar.
  2. Si estamos ante una tumoración intrínseca cerebral. Hay en ocasiones dificultad para diferenciar un glioma agresivo de una metástasis cerebral, proveniente de un tumor maligno localizado en otra zona del cuerpo.
  3. Si la tumoración es intra o extraparenquimatosa: Hay raros casos en que es difícil de diferenciar un glioma muy periférico de un meningioma. La arteriografía, en estos casos, puede ayudar al diagnóstico.
  4. Si puede ser otro tipo de tumor intraparenquimatoso. Descartar, en estos casos dudosos, otros tipos tumorales como, por ejemplo, tumores de origen neuronal o linfomas..
  5. En caso de un posible glioma, si estamos ante un astrocitoma, un oligodendroglima o un ependimoma:
    1. Oligodendroglioma.- Suele tener calcio en su interior, los límites son más precisos, sin gran edema cerebral circundante y suelen tener un gran tamaño. Por lo general la localización más frecuente es el lóbulo frontal. Son mucho menos frecuentes que los astrocitomas y se suelen dar en personas más jóvenes.
    2. Ependimoma.- La mayor parte de la masa tumoral se encuentra dentro de los ventrículos cerebrales. Aparecen en niños y jóvenes con mayor frecuencia.
    3. Astrocitoma.- Hay que valorar el posible grado de agresividad. Son los tumores más frecuentes y, de acuerdo con la edad, se dan los siguientes tipos:
      1. Niños.- Hay localizaciones típicas de astrocitomas benignos: nervio óptico, cerebelo y tronco cerebral. Son muy raros los astrocitomas malignos.
      2. Jóvenes.- Suelen cursar con crisis epilépticas y ser benignos. La localización más frecuente es la corteza cerebral.
      3. Adultos.- Es más frecuente la lesión con mayor agresividad.
      4. Edad avanzada.- Los astrocitomas suelen ser malignos en un alto porcentaje de casos. Como en el grupo de los adultos, los glioblastomas multiformes se hacen indiferenciables de un astrocitoma grado IV, basándose solamente en las pruebas de imagen. Es la anatomía patológica, tras la biopsia quirúrgica lo que los podrá diferenciar.
  6. Recoger datos para aproximarse al grado de agresividad o grado de Kernohan (RM, Espectroscopía o PET).

C.- Diagnóstico quirúrgico.- La aparición de la RM y la TAC han hecho que los tumores sean diagnosticados más precozmente que antes. Esto está cambiando la actitud neuroquirúrgica ante estos problemas. Los tumores se diagnostican cuando tienen menor tamaño y, por consiguiente, con la persona sin apenas lesión neurológica. Esto obliga a diseñar la intervención con el objetivo de extirpar el máximo de lesión posible y mantener al paciente íntegro desde el punto de vista neurológico. Estas aseveraciones son ciertas también para los tumores malignos, dado que se está demostrando que la supervivencia con calidad de vida depende también de este planteamiento: máxima resección tumoral posible.

A las pruebas anteriormente referidas, el neurocirujano añade en ocasiones la Arteriografía Cerebral. Su utilidad es doble:

  • Por una parte, puede ayudar a apreciar el grado de agresividad del tumor, por la aparición de vascularización patológica intratumoral, con neoformación de vasos.
  • Por otra parte, los datos anatómicos aportados por la arteriografía, en cuanto a disposición de arterias y venas próximas a la tumoración, pueden ayudar durante el acto quirúrgico a localizar dichos vasos cerebrales y la tumoración
Arteriografa cerebral de un Oligodendroglioma frontal

La finalidad de todo el proceso preoperatorio es obtener un mapa prequirúrgico en el que se conjuguen los datos anatómicos aportados por la RM, la arteriografía cerebral, la imagen de la tumoración y los datos de la RM funcional, si fuera preciso. El neurocirujano reúne de esta forma gran cantidad de datos y conocimientos anatómicos y funcionales acerca de la zona donde se encuentra el tumor, así como de sus límites reales. De manera que puede llegar a diseñar la intervención con gran precisión.

TRATAMIENTO QUIRURGICO

El tratamiento quirúrgico de los gliomas cerebrales se puede plantear de tres formas:

  1. Biopsia Estereotáxica.- Se lleva a cabo cuando no puede ser extirpado el tumor, por su tamaño, localización, edad, estado general del paciente, o cualquier otra causa que la indique.

    Con la biopsia se toman una o varias muestras del tumor, solamente con la intención de obtener un diagnóstico de la lesión. En casos excepcionales, si existiera un componente quístico, la biopsia puede tener la intención de evacuar el contenido líquido del quiste y disminuir el tamaño tumoral, aunque va a tardar poco tiempo en generarse de nuevo.

    La biopsia se realiza colocándole al paciente un marco metálico (marco estereotáxico), fijado al cráneo con anestesia local. Se desplaza al paciente al Departamento de Radiología y se realiza RM o TAC. Con el ordenador de estos equipos, se calcula el punto de entrada en el cráneo, dónde se va a realizar el orifico de trépano, el trayecto de la aguja y las zonas del tumor donde se van a tomar las biopsias. A continuación se lleva al paciente a quirófano y se realiza, con anestesia local, un pequeño orificio de trépano. Sobre el marco estereotáxico se coloca un arco que soporta el sistema que lleva la aguja que va a obtener la muestra de tejido cerebral. Se coagula la duramadre y se introduce la aguja de biopsia tantas veces como muestras se desean obtener, siempre de acuerdo con las coordenadas tomadas previamente. Dichas muestras se llevan al Departamento de Anatomía Patológica para su análisis.

    Tras la biopsia, el paciente se traslada a la Sala de Neurocirugía. Por regla general puede ser dado de alta a las 48-72 horas.

    Figura 11-A: RM con tumor extenso parietoccipital de caracteristicas agresivas. Figura 11-B: TAC craneal para realización de biopsia estereotáxica. Figura 11-C: TAC de control tras la biopsia donde se observan burbujas de aire, no hemorragias.

    La biopsia estereotáxica tiene una serie de ventajas frente a la biopsia tumoral “a cielo abierto” tradicional, que describiremos a continuación. En primer lugar, el trauma quirúrgico es mucho menor. En segundo lugar, sobre todo en casos de tumores agresivos, supone un menor riesgo de hemorragia, edema y empeoramiento neurológico. Por último, su realización tiene mayores porcentajes de obtención de un diagnóstico anatomopatológico más correcto, debido a que se toman biopsias de varias zonas de la tumoración.

    Pero también tiene inconvenientes. El más importante es que, aunque se desciende la mortalidad y morbilidad quirúrgica, con relación a la biopsia convencional, no deja de tener un porcentaje de posibilidades, entre 1-5%, de que ocurra una hemorragia intratumoral que ocasione la muerte del paciente o su deterioro neurológico grave. Es más raro el caso de infección postquirúrgica o que la biopsia pueda ser insuficiente para realizar un diagnóstico anatomopatológico correcto.

    De acuerdo con la situación general y neurológica del paciente y las características tumorales (tipo, localización, tamaño…), tras la biopsia y el diagnóstico anatomopatológico definitivo, se plantea un tratamiento complementario con radioterapia y quimioterapia.

  2. Biopsia quirúrgica.- Antes de la aparición y divulgación de las técnicas estereotáxicas y de neuroimagen modernas, los neurocirujanos abordaban quirúrgicamente los tumores cerebrales y tomaban una muestra para anatomía patológica. Continuaban la extirpación quirúrgica de acuerdo con las características del tumor y las posibilidades de resección más o menos completa.

    Hoy día es muy raro plantear la realización de una craneotomía para efectuar exclusivamente una biopsia tumoral. Las técnicas de imagen, como hemos visto, dan mucha información acerca del tumor y sus características. La disyuntiva se plantea, por tanto, entre biopsia en condiciones estereotáxicas o craneotomía para intentar su resección radical.

  3. Craneotomía y exéresis tumoral.- Ya hemos hablado en el apartado del diagnóstico quirúrgico cómo el neurocirujano puede planear y diseñar la intervención quirúrgica. Que el objetivo es intentar resecar el máximo de tumoración posible, sin provocar una lesión neurológica sobreañadida. Incluso mejorar la lesión neurológica que está produciendo la tumoración.

    Pueden darse dos casos extremos, que explicaremos algo detalladamente. El lector podrá imaginar las situaciones intermedias tras entender ambos extremos:

      1. Mapa prequirúrgico.- En el que se superponen los datos de la TAC, RM, angiografía cerebral y RM funcional
      2. Cirugía guiada por técnicas estereotáxicas.- Se denomina también abordaje combinado estereotáxico-microquirúrgico. Consiste en colocar al paciente en la guía estereotáxica, se le realiza TAC y/o RM para localizar la lesión y se introduce una cánula que nos marca el trayecto a seguir con el microscopio quirúrgico, hasta llegar a la lesión.

        Para más información, se recomienda la lectura de este tema en el apartado de Investigación de esta página Web.

      3. Cirugía guiada con neuronavegador.- Más recientemente es posible recurrir a software y hardware complejos que, fusionando imágenes de RM y TAC, aportan un mapa tridimensional del cerebro y la lesión. Se colocan referencias que permiten mantener una muy estrecha correlación entre este mapa tridimensional y la posición de un puntero o cursor que nos va indicando nuestra posición real durante todo el acto quirúrgico. De manera que, en todo momento, el cirujano conoce la relación entre el extremo del instrumento quirúrgico que esté utilizando y la lesión en el mapa 3-D del neuronavegador. Esto va guiando al cirujano hasta encontrar la lesión y llegar en su resección a los límites reales tumorales.
      4. Abordaje transulcal a la lesión.- Es un concepto aportado por Yasargil. Este gran neurocirujano propuso, en los años 80, abrir las cisuras y surcos cerebrales para profundizar en la masa cerebral, sin atravesar el tejido cortical funcionalmente importante. Permite en muchas ocasiones llegar a profundidades de hasta 2-4 cm., sin lesionar la corteza cerebral. Es una técnica más difícil y tediosa, que requiere equipamiento, instrumental y habilidad microquirúrgica; pero a cambio produce menor lesión neurológica.

        Sea cual sea el diseño y abordaje utilizado (mapa prequirúrgico, combinado estereotáxico-microquirúrgico o guiado por neuronavegador), este concepto de abordaje a través de surcos o cisuras es el aconsejable.

      5. Neurofisiología quirúrgica.- Hoy día existe una capacidad tecnológica muy variada para explorar la corteza cerebral funcionalmente importante. Se remite al lector al capítulo sobre Neurocirugía en el que se exponen estas técnicas y al capítulo sobre Anatomía y Funcion cerebral, en el apartado de docencia postgraduada..

        De manera resumida, podemos estudiar intraoperatoriamente:

        1. Actividad eléctrica de la corteza cerebral, epileptógena y lesional (Electrocorticografía)
        2. Actividad motora cortical, mediante estimulación eléctrica y registro electromiográfico en extremidades contralaterales
        3. Actividad sensorial, mediante estimulación en nervios periféricos y registro eléctrico de corteza cerebral sensitiva. Es posible también la estimulación visual. Estas técnicas se denominan genéricamente Potenciales Evocados, somatosensoriales o visuales.
        4. Areas del lenguaje. Para esto, a diferencia de las anteriores exploraciones, tenemos que diseñar la intervención con el paciente despierto y con la ayuda de un Neuropsicólogo. La estimulación eléctrica de determinadas áreas corticales permitirá conocer la función del lenguaje en un paciente determinado y su relación con los límites tumorales.
          Figura 12-A: RM de paciente con tumor en zona motora. Figura 12-B: Extirpación completa con ayuda de neuronavegador. Figura 12-C: RM de control postquirúrgico.
      1. Coagulación y corte bipolares.- Se utilizan unas pinzas, a través de cuyas puntas pasa una corriente eléctrica con características muy especiales. Por un lado, la corriente sólo se establece entre las puntas de las pinzas y no difunde a otras zonas. Por otro lado, este tipo de corriente permite coagular las proteínas del tejido y de la sangre, controlando de forma muy eficaz la hemorragia. De manera que se hace un instrumento imprescindible para ir manejando el tejido cerebral y el tumoral, que tienen una vascularización muy acusada, sin que se produzcan hemorragias que generarían graves problemas intra y postoperatorios.
      2. Aspirador ultrasónico.- Por regla general, el neurocirujano utiliza en una de sus manos un aspirador, de calibre y capacidad de succión variables, que le permiten mantener el campo quirúrgico limpio de restos tisulares y sangre, a medida que se avanza con la coagulación-corte bipolar en la otra mano. Pero hay un equipamiento muy especial, que consiste en un aspirador cuya punta puede vibrar a alta frecuencia. Estas ondas de ultrasonidos pulverizan el tejido que se encuentra a muy poca distancia, sin tocarlo. Si a esto unimos, por un lado, la posibilidad de irrigar o hacer caer agua que se una al tejido pulverizado y, por otro lado, la propia aspiración de ambos (agua y tejido pulverizado), se tiene un instrumento que es capaz de ir avanzando sin casi tocar el tejido tumoral. Este instrumento tiene una capacidad de aspiración-resección tumoral mucho más potente que el aspirador convencional. Los parámetros de potencia de ultrasonidos, irrigación y aspiración son variables y, con experiencia, podemos irlos adaptando a las características del tejido tumoral. De manera que se ha convertido en un equipo imprescindible para abordar la extirpación de tumores cerebrales de gran tamaño.
    • A.- Lesión pequeña y profunda.- Suelen ser tumores benignos que dan la cara clínicamente tras una crisis epiléptica o un déficit neurológico muy leve.

      En la actualidad se está convirtiendo en la situación más frecuente, dada la mayor capacidad de diagnóstico precoz que aporta la RM. Pero, aunque sea una lesión pequeña, puede llegar a ser un reto quirúrgico muy importante, fundamentalmente por dos razones: 1.- El pequeño tamaño, coordinado con el grado de profundidad, puede hacer muy difícil encontrar la lesión. 2.- Que la lesión se encuentre en zonas funcionalmente importantes, por lo que hay que diseñar con cuidado el camino a seguir hasta la lesión, para no ocasionar déficits neurológicos.

      Nos valemos para diseñar y llevar a cabo la intervención quirúrgica de una tecnología variada, de acuerdo con la capacidad técnica del Hospital y del propio equipo neuroquirúrgico:

      B.- Lesión de gran tamaño.- Por regla general, suelen ser más superficiales y producir algún tipo de déficit neurológico.

      A diferencia de los tumores en otras zonas del organismo, las técnicas neuroqirúrgicas de resección no pretenden la extirpación del tumor en un solo bloque. La razón es doble. Por un lado, el daño que se ocasionaría al tejido cerebral circundante sería muy grave. Por otro, la misma consistencia de la tumoración, a veces muy blanda, hace que no pueda llevarse a cabo este tipo de resección.

      Pero el neurocirujano tiene equipamiento, instrumental y técnicas adecuadas para introducirse dentro del propio tumor e ir vaciándolo. Al final de la intervención quedan las paredes tumorales rodeadas de tejido cerebral sano. La ligera presión del cerebro circundante va haciendo aproximarse dichas paredes tumorales y quedar como si fuera el pellejo de una uva a la que hubiéramos extraído la pulpa. Con cuidado se puede ir resecando dicha pared, respetando siempre al máximo la zona de tejido normal.

      Las técnicas de neuronavegación se están mostrando también muy útiles en estos casos, dado que informan al cirujano de la distancia que va quedando entre la zona intratumoral donde se está trabajando y los límites con el tejido cerebral normal.

      Las técnicas de neurofisiología también pueden ser útiles en alguno de estos casos. Pero, por regla general, el tamaño grande de la lesión tumoral le hace aflorar a la corteza cerebral. Si el cirujano se mantiene siempre dentro del tumor, no hay porqué pensar en que se pueda producir una lesión neurológica evitable si se hubiera realizado la exploración neurofisiológica. No obstante, la RM funcional preoperatoria y los mapas quirúrgicos ayudan a diseñar la zona de entrada al tumor por la zona funcionalmente menos trascendente.

      Pero en estos casos, hay equipamientos que ayudan sobremanera a la extirpación radical de estos tumores. Destacaremos dos de ellos:

      Figura 13-A: RM de glioma de gran tamaño. TAC donde se observan las calcificaciones. Figura 13-B: TAC donde se observan las calcificaciones. Figura 13-C: TAC de control a la semana de la intervención con desaparición de la lesión.

      TRATAMIENTO ONCOLÓGICO

      Ya hemos visto que hay gliomas cerebrales de diferentes grados de agresividad. Los de grado I-II son benignos y los de grado III-IV son malignos.

      En el primer caso, la extirpación quirúrgica lo más completa posible es la regla, pudiendo llegarse a la curación, sin necesidad de otros tratamientos coadyuvantes. En casos excepcionales, se puede plantear la radioterapia a los restos tumorales postquirúrgicos o porque el tumor se encuentre en zonas no asequibles a la cirugía sin ocasionar un grave deterioro neurológico: tronco cerebral, tálamo…

      En los casos de gliomas grado III-IV y en los glioblastomas multiformes, la radioterapia junto a quimioterapia es la regla. Pero se está demostrando que este tratamiento coadyuvante es más eficaz para conseguir mayor expectativa de vida y con calidad, a medida que se pueda realizar una extirpación tumoral más radical o completa. Será el neurocirujano, junto con los especialistas en Oncología Radioterápica y Médica, quienes decidan el protocolo a seguir en cada caso.

      Tanto las técnicas de radioterapia como los tratamientos quimioterápicos están avanzando de manera relativamente ágil y rápida. Por lo que no es la finalidad de este capítulo exponer las diferentes posibilidades, cambiantes cada pocos años. Sí el volver a insistir en que la triada formada por Neurocirugía, Radioterapia y Oncología Médica ha de tener protocolos de actuación adaptables a cada paciente y de acuerdo a la experiencia propia y a los conocimientos científicos que se van acumulando por la experiencia de otros centros hospitalarios pioneros.

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Edema cerebral. Meningiomas.

2 comentarios Add your own

  • 1. camiletti liliana  |  mayo 21, 2008 en 5:28 pm

    un pariente cercano, fue operado de un tumor en el nervio optico(astrocitoma de grado 1/2) necesito saber por favo, luego de la extraccion de este, ¿se recomienda rayos?¿quimiterapia?, muchas gracias .-
    el tumor era expansible.-

    Responder
  • 2. Natalia Ramos  |  julio 3, 2008 en 4:43 pm

    Hola, soy residente de Nutrición. tengo internado en el servicio de neurologia un paciente con un tumor expansible de cerebro en la parte posterior. necesito saber porque me han solicitado una dieta baja en proteínas y calorias. muchas gracias.

    Responder

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