Tumores cerebrales (segunda parte).

junio 6, 2007 at 10:30 pm 1 comentario

TUMORES DEL SISTEMA NERVIOSO CENTRAL.- II

1.- TUMORES DE EXTIRPE NEURONAL

TUMOR NEUROEPITELIAL DISEMBRIOPLÁSICO (DNT)

Tumor descrito en los años 80, formado fundamentalmente por neuronas y que se encuentra prácticamente de forma exclusiva en los pacientes con epilepsia fármaco-resistente que son intervenidos quirúrgicamente para controlar sus crisis.

Son benignos, intraparenquimatosos, de pequeño tamaño y se localizan en corteza cerebral. Son muy raros. La clínica es, como ya hemos referido, de epilepsia resistente a la medicación.

El diagnóstico se lleva a cabo tras realizar la RM en el protocolo de estudio de este tipo de pacientes. Suelen ser hipodensos, apenas captan contraste y pueden tener componentes quísticos. El diagnóstico definitivo se realiza tras técnicas específicas de estudio anatomopatológico.

La resección quirúrgica se hace siguiendo las metodologías propias de una Unidad de Cirugía de la Epilepsia. La finalidad es extirpar una lesión tumoral y erradicar las crisis. Es excepcional que recidiven.

GANGLIOCITOMAS y GANGLIOGLIOMAS

Tumores formados por mezcla de células neuronales y gliales maduras. El componente glial es el que marca el grado de agresividad. En el gangliocitoma hay predominio de neuronas y en el ganglioglioma predominan las células gliales.

Son poco frecuentes (0’4 – 1’7%) y aparecen en niños y adultos jóvenes. Suelen tener calcificaciones y una localización preferente en el lóbulo temporal, donde originan crisis epilépticas rebeldes a tratamiento médico como síntoma fundamental.

El diagnóstico se realiza con RM. Suelen tener características similares a los astrocitomas benignos, con calcio en su interior y débil captación de contraste. Rara vez tienen edema peritumoral.

El tratamiento quirúrgico se ha de llevar a cabo siguiendo los patrones referidos en el DNT. En caso de recidiva o de que existan patrones de agresividad histológicos, hay que plantearse completar el tratamiento con radioterapia.

MEDULOBLASTOMA

Pertenece al grupo de los llamados tumores neuroectodérmicos primitivos (PNET). Es un tumor embrionario pobremente diferenciado, de gran agresividad. Suele localizarse en vermis cerebeloso y presentarse en edad juvenil e infantil.

Es el tumor pediátrico más frecuente (20-35 % de los tumores infantiles del SNC) y supone el 4-10 % de las series tumorales.

Es mas frecuente en sexo masculino. Más del 60% aparece antes de los 14 años, con una máxima incidencia entre los 8 y 12 años. Aunque tiene otro pico de incidencia, menos acusado, entre los 20 y 25.

Se localiza preferentemente en la fosa posterior, con mayor frecuencia en el vermis cerebeloso e invade el techo del IV ventrículo.

CLINICA

Produce fundamentalmente un síndrome cerebeloso de línea media (ataxia de la marcha, dismetría…) y un síndrome de hipertensión intracraneal (HIC) por la hidrocefalia que produce al obstruir el IV ventrículo (cefaleas, vómitos, disminución de visión por el edema de papila…).

El meduloblastoma tiene una gran tendencia a generar siembras en el eje cráneo-espinal, a través del LCR.

DIAGNOSTICO

La Rx de cráneo puede dar signos de HIC crónica (reapertura de suturas, huellas digitiformes…). La TAC muestra una masa tumoral en fosa posterior, de límites relativamente homogéneos, que capta contraste, con zonas hipodensas en su interior (necrosis) y edema circundante.

La RM complementa al TAC, definiendo aún mejor los límites anatómicos.

La angiografía puede ser útil, para definir la vascularización tumoral

Ha de completarse el manejo diagnóstico analizando el LCR al implantar la derivación ventrículo-peritoneal (V-P). Durante el seguimiento han de realizarse tomas de LCR tras punción lumbar y, ante la menor sospecha clínica, realizar RM dorso-lumbar, para detectar posibles siembras.

TRATAMIENTO

El tratamiento es complejo. En primer lugar se ha de planear la implantación de una derivación V-P, si hay importante hidrocefalia. A continuación hay que programar la intervención quirúrgica con la finalidad de realizar una extirpación lo más completa posible.

A partir de aquí, en conjunción con Oncología Médica y Radioterápica se ha de generar un programa de actuación en el que se incluye la radiación de la fosa posterior, radioterapia de todo el neuroeje y quimioterapia (general e intratecal). Todo ello dependiendo de cada caso, su evolución y si se trata de la primera actuación o de una recidiva.

PRONOSTICO

Con las actuales pautas de tratamiento, este tumor tan altamente agresivo se controla relativamente, con una supervivencia del 50 % a los 3 años, 30 % a los 5 años y 20 % pasados los 10 años.

PINEALOBLASTOMA

Ver el apartado de los tumores de la glándula pineal

 

2.- TUMORES DE EXTIRPE GIAL

Las células gliales se dividen en astrocitos, oligodendrocitos y células de microglía. Como células especiales que revisten el sistema ventricular, los ependimocitos. Cada uno de estos tipos celulares pueden dar lugar a tumores. (astrocitomas, oligodendrogliomas, ependimomas) . Los tumores derivados de la microglía se identifican con los linfomas primarios cerebrales.

ASTROCITOMA

El astrocitoma es un tumor descrito por Virchow en 1860. Se han establecido varios subtipos (pilocítico, protoplásmico, fibrilar, gemistocítico, anaplásico) pero para mayor sencillez y claridad es preferible mantener la clasificación de Kernohan (1949) en grados del I al IV dependiendo de la menor o mayor agresividad o malignidad.

El glioblastoma multiforme es un tumor  muy agresivo, considerado por autores como una variante  de los astrocitomas anaplásicos y por otros como un tumor grado IV de Kernohan.

INCIDENCIA

El astrocitoma supone el 11-13 % de todos los tumores cerebrales primarios, siendo el segundo en frecuencia después del glioblastoma (si aceptamos esta diferencia). Puede llegar a ser el 25-30 % de todos los gliomas.

Aparecen en personas de edad media de la vida o en la juventud, con un pico de edad a los 35 años y son algo más frecuentes en el varón. Los astrocitomas benignos (Grado I-II) predominan en las décadas de los 30-40 años, mientras que los más agresivos (Grado III-IV) se presentan a los 40-50 años.

 

LOCALIZACION

En los adultos, la frecuencia en la localización anatómica podríamos asimilarla al porcentaje de volumen de la zona encefálica en la que se pueden presentar. Así, es más frecuente en el lóbulo frontal, en relación a los otros lóbulos cerebrales. O la frecuencia de aparición en zonas subcorticales o talámicas es menor, siendo más en cerebelo y excepcionales en tronco cerebral.

Pero esta regla se altera en la edad pediátrica, en que además hay una serie de entidades típicas de esta edad, que consisten en tumores benignos (astrocitomas pilocíticos) localizados a nivel del nervio óptico-quiasma, cerebelo y tronco cerebral.

CLINICA

El síntoma mas frecuente es la epilepsia (40-75 %), sobre todo en los tumores que afectan la corteza cerebral, siendo más rara su presentación en los tumores subcorticales.

El déficit focal se presenta, como primer síntoma, en un 20 % de casos.

La cefalea esta presente en un 70 % de los casos y en sólo un 10 % esta cefalea es localizadora. Hasta en un 50 % de los casos aparece edema de papila cuando son explorados.

El resto de los signos exploratorios dependen del déficit ocasionado.

Los astrocitomas talámicos y, sobre todo, los astrocitomas de cerebelo pueden producir hidrocefalia

DIAGNÓSTICO

La posibilidad de un astrocitoma debe ser sospechada en un paciente con crisis epilépticas que aparecen después de los 20 años de edad.

La Rx suele ser negativa, aunque a veces se pueden ver signos de HIC o calcificaciones (8%).

El EEG puede localizar un foco irritativo-lesivo  sugerente de lesión tumoral.

La TAC es el método diagnóstico rápido de elección, que después complementará la RM.  En los astrocitomas grado I-II aparece zona de hipodensidad (TAC) o hipointensidad (RM), sin edema circundante y sin realce tras la administración de contraste. Los de grado III-IV tienen  mayor tendencia a ser hiperdensos (TAC) o isointensos-hiperintensos (RM), con límites cada vez menos homogéneos e infiltrantes a medida que aumenta su agresividad, con zonas irregulares de necrosis en su interior (hipodensas o hipointensas); suelen tener edema circundante y en el 90 % se refuerzan tras la administración de contraste. La presencia de calcificaciones (visibles mejor en la TAC) o de zonas quísticas no es infrecuente.

La angiografía tiene poco valor diagnóstico. Los astrocitomas de grado I y II suelen ser avasculares, mientras que a medida que aumenta la agresividad se incrementa la vascularización, con vasos anómalos neoformados, tanto arteriales como venosos.

Sin embargo, la angiografía puede llegar a tener un enorme valor en la programación quirúrgica, ya que las imágenes vasculares (sobre todo el dibujo venoso) pueden ser las únicas marcas anatómicas que guíen al cirujano hacia el tumor y durante la exéresis tumoral.

TRATAMIENTO

En el caso de un posible astrocitoma benigno productor de epilepsia como único síntoma, el tratamiento ha de ser guiado por protocolos de Cirugía de la Epilepsia, con el objetivo de extirpar completamente la lesión y erradicar las crisis.

Según edad y estado general del paciente, la apariencia de agresividad en la RM, la localización profunda o cortical y las posibles áreas funcionales que afecte, se planteará una biopsia estereotáxica como única intervención quirúrgica o el intento de extirpación completa.

Según el resultado anatomopatológico, el tratamiento se completará con radioterapia y quimioterapia.

OLIGODENDROGLIOMA

Estos tumores, derivados de los oligodendrocitos, son raros y se caracterizan por ser generalmente benignos (Grados I-II) y presentar calcificaciones en su interior (el 70%). Un tercio tienen un componente mixto de células astrocitarias o ependimarias.

INCIDENCIA

Es un tumor de presentación infrecuente (4 % de los gliomas). Es más frecuente en hombres de edad media de 40 años.

LOCALIZACION

En el 90 % de los casos son supratentoriales y más frecuentes en el lóbulo frontal.

CLINICA

Historia larga de 7-8 años de evolución, siendo en un 50 % la epilepsia el síntoma inicial. Aparece posteriormente cefalea y edema de papila, por el gran tamaño que adquiere el tumor. El déficit neurológico se presenta en un 30 % de los pacientes. Una vez establecido el cuadro el 90 % de los pacientes tienen epilepsia.

DIAGNOSTICO

Rx de cráneo: Es posible visualizar las calcificaciones en un 40-50 % de los casos. Aunque, si en un paciente con epilepsia y de edad media hacemos una Rx y encontramos calcificaciones, lo más posible es que se trate de un astrocitoma más que de un oligodendroglioma, dada la mayor frecuencia del astrocitoma sobre el oligodendroglioma, aunque la frecuencia de presencia de calcificaciones sea menor en el astrocitoma.

En la TAC, más sensible para el calcio, en el 90% de los casos se ven imágenes características de su presencia.

Tanto en la TAC como en la RM la lesión tumoral aparece relativamente circunscrita, de importante tamaño, produciendo desviación de línea media, de apariencia relativamente homogénea, sin edema circundante y que capta contraste ligeramente, todo ello en concordancia con su poca agresividad.

TRATAMIENTO

Es quirúrgico, intentando realizar la extirpación lo más completa posible. Dependiendo de su agresividad histológica, se completa el tratamiento con radioterapia.

EPENDIMOMA

Lo más característico de estos tumores es que suelen aparecer en edad pediátrica o en jóvenes y cursar solamente con síntomas de hipertensión intracraneal, por la hidrocefalia que producen.

Pueden producir siembras a través del LCR y suelen ser de grado III-IV de Kernohan, aunque son radiosensibles.

INCIDENCIA

Constituyen el   5 % de los gliomas. La edad media de presentación es de 20 años, con discreto predominio en varones.

LOCALIZACION

2/3 son infratentoriales, a nivel en el IV ventrículo.

En niños suelen ser infratentoriales y en jóvenes infra o supratentoriales.

CLINICA

La duración de los síntomas es intermedia (hasta 1-1’5 años). Su situación intraventricular hace que sean silentes por mucho tiempo hasta que provocan clínica de HIC por hidrocefalia: papiledema (90%), cefalea (80%), vómitos (75 %), ataxia o vértigo (60%). Como síntomas de inicio, la epilepsia es rara, así como los déficit neurológicos.

DIAGNOSTICO

Rx de cráneo: Presenta signos de HIC e imágenes de calcio en el 20 %.

TAC y RM: imagen tumoral intraventricular, con límites relativamente homogéneos, con estructura no homogénea en su interior, que captan contraste y pueden llegar a producir edema en las paredes ventriculares donde se asientan. Cursan con hidrocefalia obstructiva univentricular (ependimoma del I o II ventrículos, por obstrucción del agujero de Monro o bloqueo de astas ventriculares), biventricular (ependimoma en el III ventrículo) o triventricular (ependimoma del IV ventrículo).

Al igual que con el meduloblastoma, por la alta posibilidad de siembras, hay que plantear el obtener muestras de LCR en el momento de implantar la derivación o válvula V-P y posteriormente a nivel lumbar, según los protocolos que se establezcan de seguimiento y tratamiento. Así como realizar RM dorso-lumbar ante la duda o sospecha de existencia de dichas siembras.

TRATAMIENTO

En el caso del ependimoma del IV ventrículo, en un primer tiempo se suele implantar una válvula V-P y abordar posteriormente el ventrículo, mediante una craniectomía de fosa posterior, para realizar la extirpación lo más completa posible.

En el caso de los ependimomas de los ventrículos laterales y del III, suele aprovecharse el tamaño ventricular grande para abordarlos con menor riesgo y mayor espacio disponible, lo que facilita su resección macroscópicamente completa. En caso de que persista la hidrocefalia obstructiva, se coloca la válvula V-P en un segundo tiempo.

Al igual que con el meduloblastoma, se precisa posteriormente establecer un protocolo de tratamiento con radioterapia y quimioterapia, así como de seguimiento. Tienen mejor pronóstico, con mayores porcentajes de expectativa de vida

GLIOBLASTOMA MULTIFORME

Son tumores malignos que algunos autores los asimilan a los astrocitomas anaplásicos Grado IV, aunque ya en los glioblastomas no es posible reconocer los precursores astrocitarios.

Es el tumor cerebral más frecuente y uno de los más agresivos del organismo. Hasta el momento sólo se consigue prolongar la vida del paciente con los tratamientos actuales, aunque cada vez con mejores niveles de calidad de vida.

INCIDENCIA

Es el tumor cerebral primitivo mas frecuente, representando el 25 % de los tumores cerebrales y el 50 % de todos los gliomas.

La edad de aparición tiene un pico entre los 40-60 años. Sin embargo, la incidencia parece que va aumentando con la edad y probablemente se presentan en personas más mayores, aunque no se diagnostican.

Son muy raros en niños.

Son más frecuente en varones.

CARACTERÍSTICAS

Suele ser altamente infiltrante en los 4/5 de los casos, o aparentemente circunscrito en el 1/5 restante. Puede ser quístico (40 %), sólido (60%), hemorrágico (40%) y con zonas necróticas en su interior (50%). No es infrecuente que curse con un cuadro de hemorragia espontánea (20%).

Las zonas de mayor frecuencia de presentación son los lóbulos frontal y temporal, así como en el cuerpo calloso (por donde se difunde), adoptando una imagen característica en alas de mariposa.

El 20 % de ellos aparecen con focos múltiples, pero realmente solo el 2 % se pude considerar como un tumor multicéntrico. A pesar de su agresividad, muy raras veces produce siembras vía LCR que sean sintomáticas (cuando alcanzan el epéndima y el ventrículo), aunque se pueden encontrar siembras asintomáticas al realizar la autopsia. Quizás debido a la corta expectativa de vida no les da tiempo a desarrollarse. Se pueden detectar células en el LCR en un 40% de los casos.

Las metástasis fuera del SNC de los tumores primitivos son excepcionales (en el  0,4 % de los casos) pero, en caso de producirse, en el 66 % de los casos son por glioblastoma multiforme.

 

CLINICA

La presentación de los síntomas se hace en muy breve plazo, dado el alto índice de crecimiento tumoral. Así, el 30 % de los pacientes se presentan con una duración de los síntomas menor  de un mes, el 60 % menor de tres meses y sólo en el 7 % de los pacientes se pueden ver síntomas con duración mayor de 2 años.

La cefalea se presenta en el 70 % de los pacientes y es el síntoma inicial en el 40% de los casos.

La disminución de fuerza se presenta como síntoma de inicio en el 3 % de los pacientes y se encuentra en el 43 % de ellos cuando se hace el diagnóstico.

Los trastornos mentales y de comportamiento también son un signo frecuente de presentación (45 %).

Sin embargo, las crisis epilépticas son raras como síntoma inicial: 15 %.

La evolución de todos los síntomas es muy rápida, añadiéndose progresivamente clínica de HIC y síntomas de déficits focales.

DIAGNOSTICO

En la Rx de cráneo sólo podemos constatar desviación de la calcificación pineal (si existe). Sólo un 2% tienen calcificaciones visibles.

El EEG es muy anormal en el 90 % de los pacientes, con signos de sufrimiento cerebral.

En la TAC y RM, se aprecia una masa tumoral de importante tamaño, con límites imprecisos, que capta contraste de forma inhomogénea y tiene abundantes zonas de necrosis en el interior, junto con edema importante digitiforme peritumoral. La gran masa produce importantes distorsiones de las estructuras encefálicas.

TRATAMIENTO

Ante una imagen en la TAC y RM sugerente de glioma maligno no es coherente dejar al paciente sin actuación terapéutica alguna, excepto en muy raras ocasiones en que la edad muy avanzada o el mal estado general así lo aconsejen. Una de las razones es que pudiera tratarse de un absceso cerebral (que pueden dar imágenes cerebrales muy similares); aunque esto puede suceder en casos excepcionales, todos tenemos recuerdos de algunos pacientes a los que se les ha salvado la vida gracias a una biopsia o una craneotomía, encontrando inesperdamente un proceso benigno en lugar de la tumoración maligna.

Pero, sobre todo, con la inhibición quirúrgica estamos impidiendo que al paciente se le puedan ofrecer las alternativas terapéuticas actuales, que pueden prolongar la vida útil, aparte de conocer su propia expectativa de vida. En este sentido, no es infrecuente que por la imagen pensemos en un grado de malignidad muy alto y, sin embargo, tras la biopsis estereotáxica, nos encontremos con una menor agresividad biológica tumoral.

Hay otra razón, menos trascendente para cada paciente pero importante si mantenemos una visión médica actual y de futuro. Se trata de que, si no biopsiamos las lesiones, nuestro desconocimiento va a seguir siendo importante sobre muchos aspectos: diagnóstico e incidencia real de los diferentes tipos de tumores; pronóstico de cada uno de ellos y respuesta a las nuevas pautas terapeúticas que continuamente van surgiendo.

La disyuntiva sobre si hacer biopsia o intentar la reseccción macroscópica lo más amplia posible dependerá de la localización tumoral y áreas funcionales circundantes. Hay que tener en cuenta que se consigue mayor expectativa de vida en tumores a los que se les realizado una extirpación radical que a los que sólo se les ha realizado biopsia.

Posteriormente se ha de planear una actuación conjunta de radioterapia (convencional o estereotáxica fraccionada) y quimioterapia.

PRONOSTICO

Si no se realiza actuación terapéutica alguna, la media de expectativa de vida no supera los 6 meses desde que se realiza el diagnóstico.

Tras radioterapia y quimioterapia se están consiguiendo expectativas de vida superiores a los 2 años en un porcentaje creciente, dependiendo de la actuación quirúrgica, localización tumoral y edad del paciente, manteniendo una buena calidad de vida.

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Tumores cerebrales (primera parte). Tumores cerebrales (tercera parte).

1 comentario Add your own

  • 1. maria  |  mayo 8, 2010 a las 9:33 pm

    hola

    mi madre tiene 72 años y un gliobastoma multiforme grado 4, ella se realizo cirugia y quimio durante 6 bmeses, esto se lo detectaron hace un año desde enero al momento no s ele hace, la verdad quisiera saber que me aconsejan si vuelvo y le realizo quimio la dejo que la enfermedad siga, ella se adeteriorado mucho.

    gracias

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