Soporte emocional del niño hospitalizado

junio 15, 2007 at 10:51 pm Deja un comentario

Introducción

 

No obstante, los grandes avances tecnológicos modernos, la atención del niño hospitalizado se ha centrado fundamentalmente en curar su enfermedad física con fármacos u operaciones quirúrgicas, sin preocuparse de los aspectos psicosomáticos.  La atención ha sido dirigida a los órganos afectados y al proceso patológico, llegando al punto de fragmentar al niño en un grupo de órganos y de sistemas, olvidando por completo de considerarlo como una integridad.

 

Por otro lado, se ha dado prioridad a que las instalaciones hospitalarias y los tratamientos fueran cómodos para el personal hospitalario, olvidando el sufrimiento y la angustia generada en los niños internados.

 

Todavía existe una fuerte tendencia a emplear los “métodos adultos” de la rutina hospitalaria. Los reglamentos hospitalarios estrictos y restrictivos obligan al personal sanitario a tratar al niño como si fuese un “adulto pequeño”, olvidando que el paciente pediátrico posee necesidades que son muy distintas a aquellas de los adultos. 

 

El impacto psicológico de la enfermedad y la subsiguiente hospitalización tiene, primordial importancia, porque, podría tener una influencia significativa en el desarrollo emocional ulterior del niño y favorecer actitudes negativas hacia los servicios de salud.

   

Para el niño como protagonista, la experiencia hospitalaria es generadora de gran ansiedad, angustia, sufrimiento y posiblemente trauma psíquico.   La inmadurez y la limitada capacidad de adaptación del niño a enorme número de factores exógenos y endógenos del ambiente hospitalario, lo pone en franca desventaja frente al paciente adulto.

  

A medida que se van conociendo mejor las necesidades del niño hospitalizado y se toma conciencia de la importancia de los padres en el cuidado infantil, se pueden desarrollar esfuerzos que tengan como objetivo principal el crear un ambiente pediátrico en el cual los pacientes se sientan libres para explorar, investigar, experimentar, elegir actividades y expresarse.

 

La preocupación sistemática sobre las necesidades psicosociales del niño hospitalizado, es relativamente reciente.    En el año de 1944 se estableció en el Hospital John’s Hopkins  el “Helen Schnetzer Child Life Department”, como un servicio profesional para pacientes pediátricos, diseñado para estrechar la brecha entre el ambiente del hogar y el hospitalario. Una pionera en la preocupación sobre los efectos de la hospitalización relacionados con el cuidado de los niños en las salas del hospital fue Emma Plank.  La señora Plank y numerosos seguidores  participaron activamente en la formación de programas de “Educación y Recreación”, los cuales en la actualidad se conocen como “Programa de Vida Infantil” (Child Life Program) y constituyen  un enlace coyuntural entre los pacientes, los padres, el personal de enfermería, los médicos y los servicios de salud.

 

Hoy en día, más de 350 programas de vida infantil operan dentro de los departamentos de pediatría como parte integral de los servicios hospitalarios en países como Norteamérica, Gran Bretaña, Canadá y otros.

 

Concepto

 

El programa de vida infantil o “Child Life Program”, es un plan diseñado para promover el óptimo desarrollo de niños, adolescentes y sus familias y para minimizar trauma psicológico relacionado con la hospitalización. El programa provee soporte interventivo, emocional, psicosocial, educacional y diversas formas de juego, para ayudar a los niños y a sus padres a contrarrestar el miedo, el estrés y la ansiedad provocados por el internamiento y la enfermedad.

 

Los especialistas en el programa, preparan al niño y a sus padres, fomentando el concepto de un cuidado pediátrico centrado en la familia o “Family Centered Care”.  La planificación incluye, idealmente, a la mayoría de niños y adolescentes  (0-18 años) que ingresan por un internamiento planeado o de emergencia.  Los miembros del programa procuran que las familias y los pacientes dominen la experiencia en forma positiva y que se produzca una oportuna adaptación al agobiante ambiente hospitalario.

 

Efectos de la hospitalización

 

La enfermedad produce sensaciones internas inusuales, un repentino conocimiento de procesos corporales desconocidos, así como una inexplicable pérdida de control de partes o funciones del cuerpo.  De este modo, la experiencia de enfermedad y hospitalización crea en el niño la necesidad de su comprensión y adaptación y, consecuentemente, reacciona ante ellas. La separación de la familia, del hogar, un entorno extraño y desconocido, soledad, dolor y malestar, intimidación de muerte y la fantasía de los niños sobre lo que está ocurriendo, se consideran entre los diferentes factores que producen estrés en un niño enfermo.

 

Las variables que influyen en el modo de percibir el niño los factores estresantes y que determinan su respuesta son los siguientes (Siegel,1983; Siegel y Hudson,1992):

 

¨       Edad, sexo y desarrollo cognitivo

¨       Diagnóstico médico

¨       Duración de la hospitalización

¨       Experiencias previas con procedimientos médicos y el hospital

¨       Naturaleza y tiempo de la permanencia para la hospitalización

¨       Ajuste psicológico prehospitalario

¨       Habilidad de los padres a fin de ser apoyo adecuado para el niño

 

Se han identificado seis períodos especialmente críticos en la experiencia hospitalaria (Wolfer y Visintainer 1975):

 

¨       Admisión

¨       Período previo a una extracción de sangre

¨       Al final de la tarde anterior al día de la operación

¨       Ante la medicación preoperatoria

¨       Ante el traslado a la sala de operaciones

¨       Al regreso de la sala de recuperación

 

Existen muchas evidencias que documentan el serio impacto psicológico que la hospitalización puede producir en los niños.  Se estima que pueden aparecer como consecuencia de experiencias traumáticas en el hospital, una gran variedad de síntomas y problemas de personalidad, por ejemplo:  (Zettersröm, 1984)

 

¨       Problemas de alimentación, como rechazo o hiperfagia

¨     Alteraciones del sueño, como insomnio, pesadillas o fobias a la oscuridad

¨       Enuresis o encopresis diurna o nocturna

¨       Regresión a niveles de comportamiento más primitivo y etapas ya superadas del desarrollo y del aprendizaje

¨       Depresión, inquietud y ansiedad

¨       Terror a los hospitales, personal médico, agujas, procedimientos médicos, etc.

¨       Miedo a la muerte, (o a la mutilación incluyendo la castración)

¨       Obsesión hipocondríaca, alucinaciones, síntomas histéricos, etc.

 

                   La hospitalización del niño también repercute en los familiares, convirtiéndose

en una verdadera crisis de familia.  Se reconoce que los padres (y otros familiares) pueden volverse hiperprotectores, demasiado indulgentes o, por el contrario, demasiado exigentes y restrictivos.  Se producen alteraciones en las conductas de los padres y en sus expectativas sobre el niño, así como en la conducta de éste.  

Los hermanos y hermanas responderían a los drásticos cambios mediante sus propias y originales necesidades y penas.

 

Desde el punto de vista de la edad, está documentado que los niños por debajo de los seis años tienen reacciones más graves a la hospitalización que lo niños en edad escolar.  En general, la literatura indica claramente, que se trata de un problema importante, ya que entre el 20 y el 60 por ciento de los niños experimentan dificulta-des, las perturbaciones emocionales pueden ser leves a moderadas y pueden llegar a persistir durante algunos días, meses o incluso años.

 

Intervención psicosocial: ¿Qué haremos con los niños?

                      

                   La necesidad de preparación psicológica de los niños hospitalizados y, más aún, de los que tienen que ser sometidos a cirugía, ha sido asumida en la práctica clínica desde hace varias décadas.  Las actividades pretenden lograr diversos objetivos como disminuir el grado o duración de exposición al estrés, aumentar las habilidades de los pacientes y sus padres para afrontar dicha experiencia y/o proporcionar recursos externos.

 

 

1.       ACTIVIDADES QUE DISMINUYEN EL GRADO DE EXPOSICION AL

ESTRÉS  DE UNA HOSPITALIZACION (Poster,1983):

 

¨       Admisiones 6 horas antes de una cirugía

¨       Separación reducida para la visita de los hermanos, permanecer en la habitación con el paciente y disponer de las veinticuatro horas para visitarlo.

 

 

2.       ACTIVIDADES QUE AUMENTAN LAS HABILIDADES PARA AFRONTAR

      LA HOSPITALIZACION:

 

¨       Preparación emocional en el hospital para la cirugía, test y procedimientos médicos

¨       Programas de Vida Infantil, los cuales fomentan la adaptación a través del juego y la discusión

¨       Educación de los padres y compromiso en el cuidado del niño

¨       Estimulación del uso de objetos de transición (juguetes, libros, rompecabezas, etc.)

 

3.       ACTIVIDADES QUE PROPORCIONAN RECURSOS EXTERNOS:

 

¨       Aumento de la disponibilidad de literatura y películas sobre hospitalización y cuidados de la salud para padres y niños

¨       Asesoramiento y psicoterapia durante y después de la hospitalización

¨       Apoyo emocional del personal de enfermería

¨       Aumento de la disponibilidad de grupos de apoyo para los padres

 

 

Además, no se debe olvidar que el contexto físico también influye en la adaptación satisfactoria del paciente y sus familiares.  En el  diseño de dichos espacios deben tomarse en cuenta diversas características.  Deben ser ricos y variados a nivel sensorial, con elementos que estimulen el interés visual (posters, dibujos de niños, figuras infantiles, etc.), el interés auditivo (música, risas y voces de niños, etc.), el interés olfativo (flores, plantas) y el interés táctil (diferentes materiales como madera, plastilina, superficies alfombradas o de esponja para jugar,  etc.)

 

Una parte fundamental del programa de vida infantil, lo constituye, el juego en sus diferentes formas.   El juego es la forma de expresión global del niño.  El juego no es, esencialmente, una actividad planificada.  Cuando un niño se encuentra en su hábitat natural, dispone de una enorme fuerza interna que lo impulsa a ejercitar sus funciones corporales.  Todo aquello que impida ejercitar las funciones puede interferir con el desarrollo.  Aunque parezca una expresión un tanto vulgar, podríamos decir, no obstante, que el trabajo de un niño en el mundo consiste en jugar.  Por tanto, todos los niños deben tener la oportunidad de realizar actividades lúdicas y físicas, incluso dentro del hospital.  El cuarto de juegos permite realizar actividades lúdicas y escolares, además de permitir el contacto verbal e intelectual con sus compañeros.  

Es imperativo que el área destinada al juego, sea una zona neutral, libre, segura y carente de situaciones estresantes para que el niño sienta la posibilidad de eludir momentos angustiantes durante su estancia en el hospital. 

 

En definitiva, hay que tratar en lo posible, de que el ambiente del hospital pueda hacerse “agradable” para el niño y lo más semejante al hogar.  El niño pequeño está acostumbrado a un ambiente cálido, iluminado y seguro, por lo que el hospital podría parecerle frío y extraño.   Su cuatro en casa está probablemente lleno de objetos agradables y amigables.  Parte de esto puede ser reproducido en el hospital.

 

                   En general, los programas de preparación infantil incluyen los siguientes componentes:

 

¨       Proporcionar información  (veraz y completa)

¨       Estimular la expresión emocional (juego y objetos de transición)

¨       Establecer relaciones de confianza entre el niño y el personal del hospital ( de vital importancia es la honestidad, nunca mentir ni lesionar la autoestima del paciente)

¨       Suministrar información a los padres  (mantener abiertas las vías de comunicación)

¨       Proporcionar estrategias de afrontamiento al niño y a los padres.   (“Tours” hospitalarios previos al ingreso, juego médico, juego terapéutico, películas o videos, folletos informativos, etc.)

 

 

El período de internación debería ser una experiencia emocional fortificante y valiosa.  De este modo, y a pesar de todo, la hospitalización, probablemente sería una experiencia positiva, así como su recuerdo a corto y largo plazo.

 

Conclusión

 

El reconocimiento de las causas de estrés psicológico, es extremadamente importante en el manejo general y el cuidado del niño.  No obstante, la enfermedad puede ser de índole temporal, una reacción emocional adversa puede ser sumamente prolongada.  Es la responsabilidad de los médicos y personal de enfermería, hacer el mayor esfuerzo para brindar una atención pediátrica más humanizada y compasiva .  Los hospitales que estén provistos de un departamento de pediatría, deben establecer un ambiente físico seguro y apropiado para favorecer el bienestar anímico de los pacientes, ofrecer comodidades a las familias y proveer áreas destinadas para el crecimiento y desarrollo físico y emocional, así como brindar oportunidades de juego para los niños internados.

 

Hoy en día, se acepta unánimemente la importancia de la prevención de los graves efectos de la hospitalización.                                  María Palomo de Blanco

 

 

Bibliografía

 

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3.        Association For The Care of Children’s Health. “Declaración de Derechos Pediá-

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5.       Child Life Council, Inc. “Guidelines for the Development of Child Life Programs”

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6.       Fitzgerald, H. “The Grieving Child” Simon & Schuster,  New York, 1992

7.       Gaynard, L. et al. “Child Life Specialists”   CHC, Winter 1989;18:75-81

8.       Gaynard, L., Wolfer, J, et al. “Psychosocial Care of Children in Hospitals”

Editorial Association for the Care of Children’s Health, ACCH, Maryland, 1990

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11.   Heiney, S. “Helping Children Through Painful Procedures” American Journal of

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18.    Rubin, S. “What’s in a Name? Child Life and the Play Lady Legacy” CHC 1992

19.    Thompson  R.,  Stanford G. “Child Life in Hospitals, Theory and Practice”  

        Charles Thomas Books, Springfield, 1981

20.    Van Cleve. L., et al. “Pain Responses of Hospitalized Infants and Children to

 Venipuncture and Intravenous Cannulation” Pediatric Nursing, 1996;11:161-67

 

 

  

 


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